INICIO ACERCA DEL SITIO CONTACTENOS
El Diseño En La Naturaleza - Harun Yahya

EL DISEÑO EN LA NATURALEZA

Que ha creado y dado forma armoniosa (Corán, 87:2)


CAPITULO I

EL DISEÑO MILAGROSO PARA EL VUELO DE LOS INSECTOS

Cuando pensamos en el vuelo de los animales, es normal que nos venga a la mente el de las aves. Sin embargo, no son las únicas criaturas con esa capacidad. La mariposa Monarca lo hace desde América del Norte a América Central. Las moscas y libélulas también pueden transitar el espacio aéreo.

Los evolucionistas sostienen que los insectos comenzaron a volar hace trescientos millones de años. Sin embargo, no son capaces de proveer respuestas satisfactorias a ciertas preguntas fundamentales. Por ejemplo, ¿cómo desarrollaron las alas, volaron o se mantuvieron suspendidos en el aire los primeros insectos?

Lo único que brindan como explicación es que algunas capas de piel del cuerpo se habrían transformado en alas. Pero conscientes de que ese supuesto es casi insostenible, aseveran que todavía no se han encontrado los especímenes fósiles que lo verifiquen.

De cualquier manera, la delineación perfecta de las alas de los insectos no deja lugar a las casualidades. Escribe el biólogo inglés Robin Wootton en un artículo titulado El Diseño del Mecanismo de las Alas de los Insectos:

Cuanto más entendemos el funcionamiento de las alas de los insectos, más sutil y maravillosa se nos presenta su traza... Por lo general tienen un diseño para deformarse lo mínimo posible y para moverse de maneras específicas. Ambos aspectos están perfectamente integrados y se valen de componentes con un alto grado de elasticidad, ensamblados elegantemente para permitir ciertas torsiones en respuesta a tensiones determinadas y hacer el mejor uso del aire. En la práctica no se puede comparar con ninguna tecnología conocida4.

Es Dios, el Creador, el Hacedor, el Formador. Posee los nombres más bellos. Lo que está en los cielos y en la tierra Le glorifica. Es el Poderoso, el Sabio (Corán, 59:24)

Por otra parte, no existe ni una sola evidencia fósil de la evolución imaginaria de los insectos. A eso se refiere el zoólogo francés Pierre Paul Grassé: Estamos a oscuras respecto al origen de los insectos5.

Examinemos ahora algunas de las características interesantes de estas criaturas que dejan a los evolucionistas en una completa oscuridad.

La Inspiración para el Helicóptero: La Libélula

La libélula no puede plegar las alas a los costados como el resto de los insectos. Además, la manera en que usa los músculos para moverlas también es distinta. Los evolucionistas sostienen, debido a esas diferencias, que las libélulas son "insectos primitivos".

Pero el sistema de vuelo de las mismas no tiene nada de "primitivo". La compañía Sicorsky, líder en la fabricación de helicópteros, diseñó uno tomándola como modelo6. La compañía IBM, que asistió a Sicorsky en este proyecto, introdujo un modelo de libélula en una computadora (IBM 3081). Fueron hechas dos mil representaciones a partir de sus maniobras de vuelo y de allí salió el prototipo resultante para el transporte de personal militar y artillería.

El fotógrafo de la naturaleza Gilles Martín realizó un estudio de dos años sobre las libélulas y concluyó afirmando que poseen un sistema de vuelo extremadamente complejo.


Los helicópteros Sikorsky fueron diseñados imitando la traza y capacidad de maniobra perfectas de las libélulas.

Su cuerpo se asemeja a una estructura helicoidal envuelta en metal. Dos alas están dispuestas en forma cruzada sobre el cuerpo, el cual presenta una variación de color que va del azul al marrón. Dicha estructura le permite una maniobrabilidad extraordinaria. Puede detenerse y volar de inmediato en la dirección opuesta a la del derrotero que traía, independientemente de la velocidad de desplazamiento. Alternativamente, puede permanecer suspendida en un punto en el aire y desde esa posición moverse rápidamente para atrapar una presa. Si desea, acelera a una velocidad sorprendente para un insecto: cuarenta kilómetros por hora --algo más que los atletas que compiten en las Olimpiadas en los cien metros llanos--, velocidad a la que choca contra su presa. Si bien el impacto es fuerte, posee una "armadura" resistente y flexible que absorbe el golpe. Pero su víctima queda generalmente herida o directamente no sobrevive al topetazo.

Después del choque las patas posteriores de la libélula pasan a ser armas letales, pues con ellas captura a la presa y la despedaza, para consumirla luego con sus mandíbulas poderosas.

Otra cosa sorprendente que posee es el órgano de la visión, aceptado como paradigmático entre los insectos. Cuenta con un par de ojos semiesféricos que le abarcan casi toda la cabeza y le proveen un campo visual muy amplio, al punto de pasar a ser un ojo en la nuca. Cada uno de ellos consta de unas treinta mil lentes distintas.

Si bien el mal funcionamiento de algún sistema de los que integran la libélula afectará a los demás, el hecho es que todos actúan perfectamente y por consiguiente el insecto vive.

Las Alas de la Libélula

La característica más significativa de la libélula está en sus alas. Sin embargo, no es posible dilucidar por medio de un modelo de evolución progresiva el mecanismo de vuelo que le permite usarlas. En primer lugar, la teoría darwinista no puede explicar el origen de las alas porque éstas sólo funcionan correctamente si se desarrollan en sincronía con el mecanismo de vuelo.

Supongamos por un momento que los genes de un insecto terrestre sufren una mutación y algunas partes del tejido de la piel presentan un cambio azaroso. Sería absolutamente irrazonable suponer que otra mutación semejante agregada a la ocurrida podría crear un ala por casualidad. Pero además no sería beneficioso para el insecto, sino que disminuiría su movilidad: tendría que soportar un peso extra, sin ningún propósito, que le pondría en desventaja frente a sus rivales. Por consiguiente y de acuerdo con los principios de la teoría de la evolución, debido a los impedimentos se extinguiría por selección natural.


La sustancia quitina, que aquí se presenta con un color muy atractivo, cubre el cuerpo de los insectos y es suficientemente fuerte como para hacer las veces de esqueleto.

Pero las mutaciones ocurren muy raras veces. Siempre dañan a las criaturas y las conducen a enfermedades mortales en la mayoría de los casos. Por eso mismo es imposible que pequeñas mutaciones hayan creado en el cuerpo de la libélula algo que evolucione y se convierta en un mecanismo de vuelo. Aunque es absolutamente improbable, asumamos que el panorama sugerido por los evolucionistas es real. En ese caso, ¿cómo es posible que no exista el fósil de la libélula "primitiva" que daría sustento a ese escenario?

Pero lo que sí nos dice la realidad es que no hay ninguna diferencia entre las estructuras de las libélulas más antiguas y las actuales. La verdad es que no existen restos fósiles de "libélulas sin alas" o de "libélulas con alas emergentes".

Al igual que el resto de las formas de vida, la libélula también apareció sobre la Tierra repentinamente y no ha cambiado hasta el día de hoy. En otras palabras, fue creada por Dios y nunca "evolucionó".

Las alas pueden operar hacia adelante y atrás, hacia arriba y abajo, lo que se ve facilitado por una estructura compleja de las articulaciones y lo apropiado del esqueleto, constituido por una sustancia resistente y flexible llamada quitina que participa en los movimientos de los músculos usados para volar. Tiene dos pares de alas, uno anterior y otro posterior, que operan asincrónicamente. Es decir, mientras las dos alas frontales ascienden, las posteriores descienden. Son movidas por dos grupos distintos de músculos, los cuales están ligados a un sistema de palancas. De ese modo, mientras un grupo mueve hacia arriba un par de alas por contracción, el otro moviliza por acción refleja el segundo. Los helicópteros ascienden y descienden usando una técnica similar. Este mecanismo permite a la libélula revolotear, ir hacia atrás o cambiar rápidamente la dirección del vuelo.

Metamorfosis de la Libélula

Las libélulas hembras no se aparean de nuevo después de la fertilización. Pero esto no resulta ningún impedimento a los ejemplares machos de la especie Calopteryx Virgo. Valiéndose de un gancho que tienen en la cola capturan a las hembras por el cuello (fig. 1). Estas envuelven sus patas alrededor de la cola de los machos, quienes tienen una extensión especial (fig. 2) con la que limpian cualquier resto posible de esperma dejado por otro macho. A continuación inyectan su propio esperma en la cavidad reproductiva de la hembra. Debido a que este proceso dura horas, a veces las parejas vuelan apareadas. La hembra deja los huevos fertilizados en la orilla de los estanques o superficies acuáticas (fig. 3). Una vez que la crisálida o ninfa abandona el huevo, vive en el agua durante tres o cuatro años (fig. 4). A lo largo de ese período se alimenta en el agua (fig. 5). Por eso fue creada con un cuerpo capaz de nadar lo suficientemente rápido con el objeto de atrapar presas y con mandíbulas capaces de desmembrarlas. A medida que la ninfa crece, muda cuatro veces la cobertura del cuerpo, la cual se fortifica y endurece. Cuando llega el momento del cambio final deja el agua y comienza a trepar por las rocas o alguna planta (fig. 6). Mientras lo hace se asegura de no caerse, pues significaría la muerte, valiéndose de unas pinzas en sus patas.

Esta última fase difiere de las cuatro anteriores debido a que Dios transforma a la larva en un animalito volador a través de un cambio magnífico. Primero se le agrieta el dorso (fig. 7). La ranura se amplía y se convierte en una abertura importante, a través de la cual puede salir una nueva criatura totalmente distinta a la larva. El cuerpo nuevo, extremadamente frágil, queda asegurado por medio de ligamentos muy transparentes y flexibles de la criatura anterior (fig. 8). Sin los mismos la larva caería en el agua y moriría.

La libélula posee también una serie de mecanismos especiales que le permiten mudar la piel. El cuerpo "viejo" se estrecha y arruga. Luego se abre por medio de un sistema especial que bombea un fluido del propio organismo para "inflar" la estructura caduca (fig. 9). Mientras tanto, solventes químicos comienzan a romper, sin producir daños, los ligamentos que atan las patas nuevas con las viejas. Este proceso se desarrolla a la perfección, pues sería fatal que, aunque más no sea, una de las patas nuevas no se desprendiese correctamente. Estas adquieren la humedad apropiada y se endurecen en el lapso de los veinte minutos siguientes.

Para entonces las alas están plegadas pero completamente desarrolladas. El fluido mencionado antes es impulsado al tejido de las mismas a través de firmes contracciones corporales (fig. 10). Disponen de un tiempo de secado después de dilatarse por medio del fluido que se introdujo en ellas (fig. 11).

La libélula pasa a controlar patas y alas luego de abandonar la carcasa caduca y haberse secado apropiadamente. Estira las primeras que estaban plegadas una por una, en tanto que a las segundas las mueve hacia arriba y hacia abajo.

El insecto ya posee toda la delineación necesaria para desplazarse por el aire. Es difícil creer que se trata de la misma oruga que había abandonado el agua poco tiempo antes (fig. 12). La libélula expele el fluido remanente para equilibrar el sistema. La metamorfosis queda completada y el insecto está listo para volar.

Nuevamente nos encontramos frente a la negación de los supuestos evolucionistas al razonar sobre esta maravillosa transformación que describimos. La teoría darwinista pretende que todas las criaturas evolucionan a través de cambios azarosos. Sin embargo, la metamorfosis de la libélula es un proceso tan intrincado que no permite el mínimo margen de error en cada fase. El obstáculo más pequeño lo impediría y eso llevaría al daño o muerte del insecto. En verdad, se trata de un proceso de "complejidad irreductible": una evidencia explícita de algo calculado, proyectado.

En resumen, la metamorfosis de la libélula es una de las innumerables pruebas de la creación por parte de Dios de lo viviente, de una manera totalmente adecuada. El arte maravilloso de Dios se manifiesta incluso en un insecto.

Mecanismo de Vuelo

Las alas de las moscas vibran en función de las señales eléctricas conducidas por los nervios. En la langosta de jardín cada una de esas señales resulta en la contracción del músculo que mueve las alas. Dos grupos opuestos de músculos, conocidos como "de elevación" y "de descenso", permiten que las alas suban y bajen por medio de ejercer tracciones en direcciones contrarias. Estas langostas mueven las alas de doce a quince veces por segundo, mientras que insectos más pequeños necesitan para volar una frecuencia más alta. Por ejemplo, las abejas lo hacen de doscientas a cuatrocientas veces por segundo. Las mosquitas pequeñas y algunos parásitos de un milímetro de longitud baten las alas mil veces por segundo7, sin que se quemen, desgarren o destruyan, lo cual es otra evidencia explícita de que fueron creados.


El batir de las alas en los insectos con un sistema de doble balanceo es más lento.

El observar de cerca a estas criaturas, multiplica nuestro aprecio por su delineación.

Habíamos dicho que las alas son activadas por señales eléctricas conducidas por los nervios. Pero una célula nerviosa es capaz de transmitir solamente un máximo de doscientas señales por segundo. ¿Cómo es posible entonces que los insectos pequeños puedan batir las alas mil veces por segundo?

Las moscas que aletean doscientas veces por segundo, emiten una señal eléctrica cada diez aleteos y tienen músculos fibrosos, así como una relación nervio-músculo, distintos a los de la langosta. Las señales mencionadas sólo alertan a los músculos que se preparan para el vuelo y al llegar a un cierto nivel de tensión, se relajan.

Las moscas, abejas y avispas poseen un sistema que transforma el batir de las alas en movimientos "automáticos". Los músculos que permiten el vuelo en estos insectos no están ligados directamente al esqueleto. Las alas se acoplan al pecho con una articulación que funciona como pivote. Los músculos que mueven las alas están conectados a la superficie superior e inferior del pecho. Cuando se contraen, el tórax se mueve en la dirección opuesta y crea una tensión hacia abajo. La relajación de un grupo de músculos resulta en la contracción del grupo opuesto. Se trata de un sistema automático que permite el movimiento sin interrupción hasta que una señal de alerta y detención es emitida a través de los nervios de todo el sistema8. Este tipo de mecanismo de vuelo se puede comparar con un reloj a cuerda y es tan especializado que un solo impulso pone las alas en movimiento con toda facilidad. Es imposible no ver en este ejemplo el proyecto y la delineación. Es decir, resulta evidente la creación perfecta de Dios.

 


Algunas moscas baten las alas hasta mil veces por segundo. Para semejante tarea se creó un sistema particular. Los músculos, más que mover las alas directamente, activan un tejido especial al cual éstas están unidas por medio de un pivote tipo coyuntura. Es ese tejido especial el que permite los numerosos aleteos con un solo golpe impulsor.

Sistema que Permite la Fuerza de Propulsión


Encarsia

Para mantener un vuelo parejo no es suficiente batir las alas. Estas tienen que cambiar de ángulo en cada movimiento para crear una fuerza de propulsión y elevarse. Disponen de una cierta flexibilidad para rotar, variable según el tipo de insecto. Esa flexibilidad la otorgan los músculos principales, los que además son el soporte de la energía para volar.

Por ejemplo, en el momento del ascenso los músculos en las articulaciones de las alas se contraen más para incrementar el ángulo de éstas. Se hicieron observaciones con técnicas de filmación de alta velocidad y así se supo que las alas siguen una trayectoria elíptica en vuelo. En otras palabras, la mosca realiza un movimiento de tipo circular parecido al que efectúa el remo de un bote en el agua, además de mover las alas hacia arriba y hacia abajo. Ello es posible por la acción de los músculos principales.

El mayor problema de los insectos con cuerpos pequeños es la inercia. El aire se comporta como si se adhiriese a sus alas, lo cual reduce significativamente la eficiencia del vuelo. Es por eso que algunos que miden hasta un milímetro de largo deben batir las alas mil veces por segundo para superar la inercia.

Los investigadores piensan que incluso la velocidad no es suficiente para que levanten vuelo, lo que significaría que se valen de sistemas alternativos.


Este tipo de mosca necesita muchísima energía para batir las alas mil veces por segundo. La obtiene de los nutrientes ricos en carbohidratos que recoge de las flores. El camuflaje que porta --rayas amarillas y negras-- y su parecido con las abejas, le sirve para desanimar a sus posibles atacantes.

Por ejemplo, algunos tipos de parásitos pequeños como la Encarsia, hacen uso de un sistema llamado "batemanos": las alas se juntan arriba y luego se descortezan. Primero se separa el borde frontal de las alas, en donde se localiza una vena importante, lo cual permite una corriente de aire en el área presurizada, produciéndose un torbellino que ayuda a batir las alas nuevamente9.


Una mosca es cien mil millones de veces más pequeña que un avión. Sin embargo, está equipada con un ingenioso sistema complejo que funciona igual que el giróscopo y el nivelador horizontal, fundamentales para el vuelo. Por supuesto, la maniobrabilidad y técnica para surcar los aires son superiores a las de un avión.

Dios ha creado otro sistema especial para que los insectos se estabilicen en el aire, como el de las moscas con un solo par de alas y órganos redondeados en el dorso, llamados cabestros. Se mueven únicamente cuando cambia la dirección del vuelo, con lo que evitan perder la dirección. Es un sistema que se asemeja a los giróscopos utilizados en los aviones actuales10.


 

 

 

 


Muchos insectos pueden plegar las alas. Y lo hacen fácilmente con la ayuda de partes auxiliares en sus extremidades. La Fuerza Aérea de USA, inspirada en este ejemplo, ha producido un avión con alas plegables llamado "Intruder E6B". Pero las abejas y moscas pueden plegar las alas por completo, a diferencia del avión mencionado que sólo pliega una mitad sobre la otra.

La Resilina

En la articulación del ala participa una proteína especial con una flexibilidad muy grande llamada resilina. Los ingenieros químicos trabajan en los laboratorios para reproducirla, pues exhibe propiedades muy superiores a las del caucho natural o artificial. Es una sustancia que puede absorber la fuerza aplicada sobre ella como así también liberar toda la energía acumulada una vez que cesa la aplicación de la carga sobre la misma. La eficiencia (es decir, la proporción entre el trabajo rendido y la energía aplicada) es muy elevada, pues alcanza el 96%. De esta manera, el 85% de la energía empleada para levantar las alas es almacenada y se la usa al bajarlas11. Las paredes del tórax y los músculos también están construidos de manera que ayudan en este fenómeno.


Esta representación que indica la trayectoria de una abeja dentro de un cubo de vidrio, muestra su increíble capacidad para volar en cualquier dirección, así como para el aterrizaje y el despegue.
La representación de la izquierda exhibe la capacidad de maniobra de tres aviones, considerados los mejores en sus categorías. Sin embargo, abejas y moscas son capaces de cambiar la trayectoria del vuelo súbitamente y en cualquier dirección sin reducir la velocidad. Este ejemplo muestra con claridad que la tecnología de los aviones es rudimentaria frente a las posibilidades de navegación de los dos animalitos nombrados.

Los Insectos Poseen un Sistema de Respiración Especial

En relación a su medida la mosca vuela a una velocidad extraordinaria. Las libélulas alcanzan los 40 kilómetros por hora, mientras que insectos más pequeños pueden volar a 50 km/h. Si se hace una equivalencia en función del tamaño, los seres humanos tendrían que moverse a miles de kilómetros por hora, velocidad que sólo alcanzamos con aviones a chorro. Pero si comparamos los tamaños, está claro que los insectos pueden volar, en proporción, más rápido que las aeronaves.

Los aviones a chorro usan combustibles especiales para alimentar turbinas de alta velocidad. El vuelo de la mosca requiere también elevados niveles de energía y grandes volúmenes de oxígeno para generarla. Esa necesidad es satisfecha por medio de un sistema respiratorio extraordinario, muy diferente del nuestro. Nosotros aspiramos aire y lo llevamos a los pulmones, donde se mezcla con la sangre y es transportado a todo el cuerpo por ésta. La necesidad de oxígeno por parte de la mosca es tan alta, que no puede esperar que el mismo llegue a las células por ese medio. De manera similar al sistema circulatorio humano, dispone de un intrincado sistema de conductos llamado traqueal, por el cual distribuye aire con oxígeno a todas las partes del cuerpo.

El oxígeno es tomado directamente de allí, como lo hacen las células que constituyen los músculos para el vuelo, lo que también ayuda a enfriarlos, pues operan a una frecuencia de mil ciclos por segundo.

Es evidente que estos mecanismos son un ejemplo de la creación. El azar no puede ser la explicación de un diseño tan intrincado. Tampoco es posible que semejante sistema se haya desarrollado por fases sucesivas como sugieren los evolucionistas: si el traqueal se hubiese formado así, habría sido disfuncional y entonces el aparato respiratorio habría sufrido daños. Sólo un sistema traqueal plenamente funcional desde el inicio puede mantener la vida de los insectos sin problemas.


En los cuerpos de las moscas y otros insectos existe un sistema extraordinario para satisfacer la necesidad de una elevada provisión de oxígeno: el aire es llevado directamente a los tejidos por medio de conductos especiales.
Arriba podemos ver el sistema que opera en la langosta o saltamonte:
A) Conducto respiratorio observado al microscopio electrónico. Alrededor de las paredes del conducto hay un refuerzo espiralado similar al de las aspiradoras eléctricas.
B) Cada conducto es portador de oxígeno para las células y por el mismo se saca al exterior el dióxido de carbono.

Todas las estructuras que hemos examinado hasta ahora demuestran que hay una delineación extraordinaria hasta en las criaturas aparentemente más insignificantes como las moscas: cada una de ellas es un milagro que da testimonio del diseño perfecto en la creación de Dios. Por otra parte, el "proceso evolucionista" descrito por los darwinistas está lejos de explicar cómo se desarrolla, aunque más no sea, un solo sistema en la mosca.

Dios invita a los seres humanos en el Corán a considerar esta realidad:

¡Hombres! Se propone una parábola. ¡Escuchadla! Los que invocáis en lugar de invocar a Dios serían incapaces de crear una mosca, aun si se aunaran para ello. Y, si una mosca se les llevara algo, serían incapaces de recuperarlo. ¡Qué débiles son el suplicante (el asociador) y el suplicado (la deidad) (Corán, 22:73).

"...SERIAN INCAPACES DE CREAR UNA MOSCA..."
Incluso una mosca es superior a todos los ingenios tecnológicos que ha producido la humanidad. Además, es un "ser vivo". Aviones y helicópteros son utilizados durante un tiempo determinado, después del cual se descartan y oxidan. La mosca, en cambio, puede reproducirse.

La mosca doméstica utiliza parte de la trompa de su boca para "controlar la calidad" del alimento antes de ingerirlo. A diferencia de muchas criaturas, lo hace asimilable en el exterior, para lo que le aplica un fluído solvente con el que lo licua. Después lo frota con suavidad y lo succiona por medio de los picos para conducirlo al interior de la probóscide.

La mosca puede caminar con facilidad sobre las zonas más resbaladizas o posarse en el cielo raso patas arriba durante horas. Sus extremidades pueden prenderse a vidrios, paredes y techos porque están mejor equipadas que los pies de los alpinistas. Si sus ganchos retráctiles no son suficientes, las almohadillas de succión (sopapas) en las patas la mantiene pegada a la superficie del caso. La fuerza de succión es incrementada con un fluído especial.

El viaje aéreo de una mosca doméstica es un fenómeno muy complejo. En primer lugar el insecto inspecciona meticulosamente los órganos que usará para la navegación. Luego se prepara ajustando y equilibrando los frontales. Finalmente calcula el ángulo de despegue --que depende de la velocidad y dirección del viento-- por medio de los sensores que posee en las antenas. Después se lanza a volar. Todo ello sucede en una centésima de segundo. Una vez que se desplaza en el aire puede acelerar rápidamente y alcanzar una velocidad de diez kilómetros por hora.

Debido a ello se le podría poner de sobrenombre "maestra del vuelo acrobático". Puede volar haciendo zigzags extraordinarios, despegar verticalmente, aterrizar bien en cualquier tipo de superficie por más inapropiada que sea.

Otra particularidad de esta experta en vuelos es su capacidad para "aterrizar" en el cielo raso, puesto que debido a la gravedad no se podría sostener y se caería. Sin embargo, ha sido creada con ciertos sistemas que hacen posible lo imposible. En el extremo de sus patas existen pequeñas sopapas. Además, ese dispositivo exuda un fluido pegajoso al tocar algo. Ese pegamento le permite adherirse al cielo raso. Cuando está llegando al mismo y apenas lo acaricia, extiende las patas, las sacude y se prende a la superficie.


El ojo de la mosca doméstica está compuesto por seis mil unidades ópticas hexagonales (ommatidias). Dado que cada una de ellas apunta en direcciones diferentes (hacia adelante, hacia atrás, hacia arriba, hacia abajo, es decir, hacia todos los lados), puede ver en un ángulo de 360°. Ocho neuronas fotorreceptoras (captadoras de luz) están unidas a cada ommatidia, por lo que en ese ojo hay unas cuarenta y ocho mil células sensoras. Así es como la mosca puede procesar hasta cien imágenes por segundo.

 

 

El diseño de las alas otorga a la mosca una capacidad superior de maniobra en vuelo. Los bordes, superficies y venas están cubiertos con pelillos altamente sensibles que le capacitan la detección de las corrientes de aire y las presiones mecánicas.

 

La mosca doméstica posee dos alas que las puede operar por separado. Emergen parcialmente del cuerpo y constan de una membrana muy delgada atravesada por venas. Sin embargo, al volar las mueve hacia atrás y adelante de acuerdo a un eje como si se tratasen de un solo plano. Los músculos que capacitan el movimiento de las alas se contraen en el despegue y se relajan al aterrizar. Si bien esos músculos son controlados por los nervios al comienzo del vuelo, después de cierto tiempo, al igual que las alas, se mueven automáticamente.

Los sensores bajo las alas y detrás de la cabeza envían de inmediato al cerebro información sobre las circunstancias de la navegación. Por ejemplo, cuando perciben una nueva corriente de aire como la que crea otro bicho volador. En ese caso los músculos "desconectan el piloto automático" y controlan "manualmente" las alas. De esa manera se pone a buen resguardo de un posible peligro la mayoría de las veces.

Bate las alas cien veces por segundo y la energía que gasta en vuelo es aproximadamente cien veces mayor a la que consume en reposo. En función de esto podemos decir que se trata de una criatura muy competente puesto que el metabolismo humano en situaciones de emergencia sólo puede emplear una energía diez veces mayor a la que consume normalmente. Además, el ser humano puede mantener ese consumo de energía decuplicado solamente durante unos pocos minutos como máximo. En contraste, la mosca doméstica puede sostener su ritmo de consumo elevado de energía por un lapso de media hora y viajar una distancia de mil seiscientos metros a la misma velocidad12.

 
      
4.- Robin J. Wootton, "The Mechanical Design of Insect Wings", Scientific American, Volume 263, November 1990, page 120.
5.- Pierre Paul Grassé, Evolution of Living Organisms, New York, Academic Press, 1977, p.30
6.- "Exploring The Evolution of Vertical Flight at The Speed of Light", Discover, October 1984, pp. 44-45.
7.- Ali Demirsoy, Yasamin Temel Kurallari (Los fundamentos básicos de la vida), Ankara, Meteksan AS., Volume II, Section II, 1992, p. 737.
8.- Bilim ve Teknik Görsel Bilim ve Teknik Ansiklopedisi (Bilim ve Teknik Görsel Bilim ve Teknik Ansiklopedisi (Enciclopedia de ciencia y tecnología) p. 2679), Istanbul, Görsel Publications, p. 2676
9.- Bilim ve Teknik Görsel Bilim ve Teknik Ansiklopedisi (Bilim ve Teknik Görsel Bilim ve Teknik Ansiklopedisi (Enciclopedia de ciencia y tecnología) p. 2679) p. 2679
10.- Smith Atkinson, Insects, London, Research Press, Volume I, 1989, p. 246.
11.- Bilim ve Teknik Görsel Bilim ve Teknik Ansiklopedisi (Enciclopedia de ciencia y tecnología), p. 2678
12.- Dieter Schweiger, "Die Fliegen", GEO, April 1993, pp. 66-82.